miércoles, 3 de junio de 2009

La Razzia Del Winka

Sábado 30 de mayo de 2009

Por: Victoria Aldunate Morales para COOAMS, Coordinadora de Organizaciones Mapuche Autónomas

Entre cuatro hombres tiran a Rosa Waiquilao Pichún al suelo y la inmovilizan pisándole el cuello, luego la arrastran por la calle, varias vecinas ven la agresión, una joven, la compañera del hijo de Rosa –al que están deteniendo policías de Investigaciones de Chile- intenta defenderla mientras sostiene a su wawa en los brazos, la wawa llora a gritos, los agresores amenazan y tironean a la joven, le fracturan el pulgar…


No es 1973 –época del terror fascista de Pinochet y sus allanamientos- si no, 2009, Concertación de Bachelet. La familia allanada es mapuche. Al pequeño departamento de una Villa pobre de Padre de las Casas, en Temuco –Wallmapu (territorio mapuche)- entran a empujones unos 20 civiles –hombres y mujeres-… Son las 4 de la tarde, los desconocidos no se identifican, están deteniendo con insultos y golpes al hijo de la dueña de casa, Rosa, él acaba de llegar del trabajo. Los winkas (en mapudungun: ladrones, asesinos, violadores) destrozan el departamento que la mujer ha pagado por 20 años para lograr un techo. Rompen loza, colchones, ropa de cama.

- ¡Esta es mi casa! - les grita ella -¡Y ustedes no tienen derecho…!... El “más perro de todos”, la mira con ojos vengativos (“En cualquier parte lo reconozco por esa mirada tan agresiva”) y le responde muy seguro de su poder institucional:

¡Yo hago lo que quiero en tu casa! ¡Ahora es mi casa!- y la aparta con violencia, luego grita: ¡Dónde están las armas!…

Rosa, su nuera (también llamada Rosa), su hijo, Mauricio Waiquilao Waiquilao (el detenido) no tienen armas. Unos tipos en la cocina, rompen paquetes de arroz, fideos, azúcar, abren el refrigerador y van destrozando todo lo que hay dentro. Otros van a una pieza y sacan papeles que van tirando al suelo. Algunos son documentos médicos de la mujer, en los que consta que ella está enferma, que postula a una pensión de gracias porque se encuentra impedida de trabajar, que necesita tratamiento constante... Los violentos rompen órdenes para exámenes, recetas, diagnósticos… buscan desesperados lo que no van a encontrar… Van a la otra pieza y sacan de los estantes: libros, hojas, cuadernos. Los colocan sobre la cama y los fotografían… Son libros de Historia, documentos sociales, poemas que Mauricio escribió a su pueblo y a su compañera…

- ¡Por qué se llevan a mi hijo, no hemos hecho nada!... ¡No tenemos armas!- Rosa oye su propia voz gritando, está nerviosa, aterrada, entre cuatro la tiran al suelo y la agreden… Fue el 2 de febrero recién pasado. “¡SI NO FIRMAS, TE QUITAMOS LA WAWA!”

Los agresores se quedaron mucho rato, Rosa no sabe decir cuánto, cuando ella quiso ir al baño, la obligaron a hacerlo delante de uno de los hombres. Sustrajeron de su casa: dinero, libros y videos, “películas familiares del cumpleaños de mi nieto de 1 año y tres meses”. Antes de llevarse a su hijo, obligaron a Rosa a firmar unos documentos, ¡Si no firmas nos llevamos a tu nieto también! Rosa firma.

Rosa, mujer mapuche de 49 años, vende ropa usada en la feria cuando se siente con fuerzas para hacerlo ya que está bastante enferma. El sustento del hogar era su hijo Mauricio, quien ahora se encuentra encarcelado en Temuco desde el 2 de febrero. Durante estos casi 4 meses, ella ha sufrido constante persecución, llamados telefónicos de números no identificables, que de madrugada le dicen “cosas terribles: “Una vez una voz de hombre me dijo: ¡Vamos a podrir a tu hijo en la cárcel! Otra vez me dijeron que mi hijo estaba muy mal y que tenía que ir a buscarlo urgente, eran las 3 de la mañana, no era cierto…

¡Hasta dónde llega la maldad!… Sé que todas las veces que hemos conversado, usted y yo por teléfono, nos han grabado, sé que nos han cortado las llamadas”, me dice Rosa… “¡A nosotros nos persiguen, sólo por ser mapuche!”.

MICROTRANSMISORES EN CUADERNOS ESCOLARES

“El día de ayer mis hijos y sobrino revisaban unos libros para hacer sus tareas. En uno de ellos, les llamó la atención, por su leve grosor, un código de barra. El número de este código no coincidía con el número del código que estaba impreso en la tapa trasera del libro, lo miraron a trasluz y en él se reflejaban unos circuitos rojos con un centro. Al extraerlo, era como una especie de estiket (pegatina), y por el reverso los circuitos eran metálicos o plateados. Su tamaño es de 4 centímetros cuadrados aproximadamente. Este supuesto código de barra estaba firmemente adherido y costó extraerlo. Efectivamente, era un micrófono de alta tecnología. Luego revisamos todos los libros de la casa, en total encontramos 3 de los mismos. No sabemos si los pusieron durante el allanamiento o antes”… Esta es parte de una entrevista de Richard Curinao P. del blog Werken, a Pamela Pessoa, esposa de Héctor Llaitúl, ex preso político mapuche hoy en la clandestinidad, liberado hace un año por haberse descubierto el burdo montaje contra este líder mapuche de la CAM, Coordinadora Arauco Malleco.

COMUNIDADES MAPUCHE, ALLANADAS

A la comunidad mapuche Juan Cole, en Yeupeko, cerca de Padre de las Casas, llegaron a la 1 de la tarde del mismo día 2 de febrero, entraron a una casa, apuntaron con metralleta a la cabeza de los hombres, desparramaron las yerbas medicinales por el suelo, y la Machi Sonia Cheuque –sanadora y autoridad mapuche-, preguntó por qué destrozaban sus instrumentos de sanación. Los ignorantes agresores calificaron las yerbas de pasto y ella defendió que “son yerbas medicinales que cuesta mucho encontrar”. Los policías entonces la golpearon. Luego siguieron camino a otra casa de la comunidad, donde hicieron exactamente lo mismo: apuntaron a los hombres, desparramaron las yerbas y golpearon a una segunda Machi, María Huentelen.

“No llevaban orden de allanamiento y mi hermana y mi cuñada, ambas Machis, la exigieron y recibieron cachetadas, mi cuñada incluso está embarazada y se le nota… Recién al final, uno de ellos mostró un papel…”, cuenta Rosa Cheuque Aedo, esposa de Mauricio Waiquilao Waiquilao, prisionero en Temuco.

En la Comunidad Juan Cole, vive la familia de origen de Rosa Cheuque, los policías buscaban a Mauricio y al no encontrarlo en la comunidad de su esposa, siguieron camino a Padre de las Casas, sector urbano en el que vive Rosa Waquilao Pichun, madre de Mauricio y cuyo relato inicia este artículo.

En Choque, según el relato de personas de redes de apoyo al pueblo mapuche: Han allanado ya varias veces diversas comunidades, cuando lo hacen, apuntan a la cabeza, desarman las casas, rompen todo, muchas cosas materiales que serán muy difíciles de recuperar. Ingresan con pasamontañas, con fuerzas especiales, con GOPE. Entran por montones a las casas, muchos otros se quedan afuera vigilando. Los que entran vienen dando golpizas e insultando. Se llevan a cualquiera, golpean sin distinción de edad, no les importa si las víctimas son ñañas (mujeres mayores), ancianos o wawas. A los niños y niñas, les rompen los cuadernos, no tienen lástima del llanto de las wawas, aterrorizan con ensañamiento a toda la gente...

Choque es un sector de comunidades mapuche, ubicado en una pequeña porción de la rivera del Lago LLeu Lleu. Del 75 al 80 por ciento de toda la rivera del Lleu Lleu, corresponde a empresas depredadoras, forestales entre otras (por ejemplo Forestal Mininco y Volterra). También en ese sector domina ENDESA España, que controla el 80 por ciento de las aguas dulces. Como si eso fuera poco, el Lleu Lleu está al pie de la cordillera Nahuelbuta, donde se ubica el proyecto minero “Manto Rojo” creado para la “exploración” y “explotación” de escandio, uranio y otros minerales…

En $hile, uno de los pocos grupos y/o movimientos sociales que se oponen y hacen frente a este comercio con aguas, tierras y naturaleza, son organizaciones mapuche como por ejemplo la CAM que reivindica la recuperación del territorio ancestralmente mapuche, y también comunidades que sin ser parte de la CAM, han decidido persistir en su empeño de denunciar la depredación y asumir una manera no neoliberal de concebir la economía y el cotidiano vivir. Todo ello amenaza las inversiones y los proyectos trasnacionales, que –por lo que se ve- consideran que necesitan una zona limpia de resistencia mapuche para extenderse y extraer hasta el último recurso natural… Por su parte, el E$tado $hileno, siempre diligente con el invasor, parece colocar al servicio del capital neoliberal, sus fuerzas represivas… ¿para una razzia?…

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